La precariedad en el mundo de la traducción - El Taller del Traductor
74
post-template-default,single,single-post,postid-74,single-format-standard,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-theme-ver-12.0.1,qode-theme-bridge,wpb-js-composer js-comp-ver-5.4.2,vc_non_responsive

La precariedad en el mundo de la traducción

La precariedad en el mundo de la traducción

Hace unos días hablaba con unos compañeros sobre la revolución a la que asistimos estos días en el mundo de la traducción, con empresas tan importantes como Lionbridge intentando dar un giro a su modelo de negocio, lo que ha provocado que muchos de sus colaboradores pongan el grito en el cielo y denuncien públicamente unas condiciones de trabajo que desde hace tiempo consideraban abusivas.

Los comentarios de otros colegas me han hecho reflexionar sobre la relación del traductor con empresas de traducción. Yo aterricé en el mercado hace siete años, con formación universitaria y sin haber escuchado una palabra sobre tarifas, negociación o ventajas competitivas durante el tiempo que estuve en la universidad. A pesar de que el título universitario en Traducción e Interpretación es relativamente reciente, los traductores hemos existido desde siempre, lo que me lleva a pensar qué es lo que tuvieron que hacer para entrar en el mercado los traductores que ahora rondan los 40 y que llevan 20 años traduciendo.

En listas de distribución como Traducción en España he leído mensajes de compañeros que hablan de traducir con máquina de escribir, de WordPerfect o de enviar las traducciones por fax. Algo que a muchos nos parece de otra época. No he leído mucho sobre el marketing que debían hacer los traductores antes de la difusión masiva de Internet, pero supongo que tenían que tocar muchas puertas y enviar muchas cartas comerciales. Sin embargo, a pesar de que la informática, Internet y el uso de herramientas de traducción asistida han facilitado mucho el trabajo y nuestra promoción como profesionales, también han traído consigo una disminución de las barreras de entrada a la profesión. Este hecho, sumado a la proliferación de facultades de Traducción e Interpretación y al gran desfase entre la universidad y el mundo profesional, ha conseguido que cada año tengamos 22 promociones de licenciados en TeI que desconocen el valor de su trabajo.

Los recién licenciados están desmotivados, entre otras cosas, por culpa de un profesorado que no ha traducido jamás a nivel profesional, que desconoce cómo es el día a día de un traductor autónomo, que no ha sido capaz de reciclarse (o que no le interesa) y que no deja de repetir de forma directa o indirecta que de la traducción no se puede vivir. Yo me pregunto a qué viene tanto pesimismo. Muchos se refieren a la traducción literaria, mercado que ya no es el que fue en su momento y que hace años que dejó de ser rentable para muchos por la gran cantidad de traductores dispuestos a dejarse la piel por una miseria y por la poca cantidad de libros que se venden actualmente. Pero, ¿qué hay del resto de las especialidades como la traducción técnica? Parece que en la facultad tiene menos valor traducir un manual de una lavadora que un bestseller. Seamos realistas: estadísticamente las probabilidades de que nos toque traducir el próximo «Código da Vinci» son muy reducidas, ¿eso nos hace peores traductores? ¿Eso implica que no se pueda vivir de la traducción? No. Señores, se puede vivir de la traducción traduciendo manuales de lavadoras. ¿Que no recibo derechos de autor? No me importa. ¿Que no aparece mi nombre? Hace años que dejé de preocuparme por eso.

Lo que sí me preocupa es que los recién licenciados sean tan pesimistas y que nadie les enseñe que el mercado de la traducción se compone mayoritariamente de autónomos, que es más fácil hacerse traductor por cuenta propia que conseguir trabajo como traductor en plantilla y que, a la larga, el esfuerzo y el tiempo dedicados a cultivar una carrera profesional tienen una remuneración mucho mayor por cuenta propia.

Algo que me lleva a otra reflexión: ¿por qué en los planes de estudio de los grados o enseñanzas superiores no hay asignaturas relacionadas con la gestión empresarial y el marketing? ¿Por qué no se evalúan las capacidades comerciales y de gestión de los alumnos de traducción? Los profesores son conscientes de que el mercado se nutre de traductores autónomos y tener una asignatura de este tipo ayudaría a mejorar las condiciones a las que, a menudo, se someten los traductores con poca experiencia.

Un recién licenciado recibe un encargo por parte de una multinacional del sector, le ofrecen 0,03 céntimos por palabra, y el estudiante acepta encantado. Bien porque no sabe valorar su trabajo, bien porque no sabe lo que se cobra habitualmente o, lo que es peor, que cree que si pide más no le darán el trabajo. Se puede hacer bastante para contrarrestar los dos primeros supuestos, ya que están motivados por el desconocimiento, pero rebatir la idea de cobrar menos por el miedo a no recibir el encargo es mucho más difícil. Por eso una asignatura de marketing debería ser obligatoria para los estudiantes de traducción. No tiene que ser muy compleja, con principios básicos bastaría. Por ejemplo:

  • Solo puedes competir en precio, calidad o servicio.
  • Si compites en precio, ten en cuenta que siempre habrá alguien más barato que tú y que en cuanto el cliente lo encuentre, se irá con ese traductor o te pedirá que iguales su oferta. Además, si cobramos poco porque vivimos con nuestros padres y no tenemos muchos gastos, ¿qué haremos al independizarnos?
  • Si compites en servicio como, por ejemplo, ser el más rápido, podrás poner un mayor precio y podrás fidelizar mejor a tus clientes. Si decides ser el más rápido y el más barato, no podrás asegurar la calidad de tu trabajo.
  • Si compites en calidad, atraerás a clientes a los que les importe tu trabajo y podrás gestionar mejor tu tiempo.

Pero, claro, ¿cómo les van a enseñar eso en la facultad si los que tienen que hacerlo lo desconocen? Si las personas que deben motivar a los alumnos para que emprendan, no han emprendido jamás ni han tenido que enfrentarse nunca a cliente, ¿cómo vamos a conseguir que los licenciados en traducción salgan de la facultad con ganas de comerse el mundo y sin dejar que empresas sin escrúpulos se aprovechen de ellos? ¿Acaso podrían tener tanto poder esas empresas si no hubiera tantos licenciados dispuestos a pagar por trabajar?

Hace unos años, cuando se traducía con máquina de escribir, no imagino una situación como la que vivimos actualmente. Si juntamos la explosión tecnológica, el aumento de facultades de TeI y el desconocimiento del mundo empresarial que impera en la carrera, no es de extrañar que se haya producido este descalabro. Me consta que ya hay muchos profesores que fomentan charlas y coloquios con antiguos alumnos como ejemplos de que no es imposible vivir de la traducción, pero creo que no es suficiente. Una tarde de motivación no puede combatir cuatro años de pesimismo constante y de ausencia total de enseñanza sobre el mercado profesional actual de la traducción.

39 Comments
  • Elisa C. E.
    Posted at 10:10h, 26 septiembre Responder

    Hola Elisabeth:
    Entiendo el 50% de tu artícuolo, pero tengo que matizar una cosa importante. Creo ue extrapolas tu experiencia como estudiante de TeI al general de las facultades. Como bien dices hay más de 20 titulaciones (son 24) y cada una de ellas ofrece un modelo formativo diferente. Yo soy profesora de TeI pero también he sido traductora autónoma y en plantilla, revisora y gestora de proyectos, durante 10 años. En mi facultad, tenemos muchos perfiles de profesorado: tenemos a dos ex-gestoras y traductores de una de las mayores multinacionales de la traducción (L…), a una experta en localización, a una experta en traducción para el comercio exterior, a una experta en traducción biomédica, a un traductor con más de 20 años de experiencia, etc. Enseñamos a los alumnos a traducir lo que nosotros conocemos de primera mano por nuestra propia trayectoria: manuales de usario, ayudas de software, contratos, etc. También les enseñamos a hacer un presupuesto y una factura, a calcular la rentabilidad de los encargos y a manejar herramientas de traducción asistida (trados, catalyst, passolo, etc) y a entender y repsetar su profesión. Todas las clases de traducción se imparten en aulas de informática y los exámenes se hacen con ordenador. Entiendo tu crítica pero creo que generalizas y que no es justo para los que hacemos un esfuerzo en sentido contrario, que me consta que son muchos compañeros en diferentes centros de TeI en España.

  • Elizabeth
    Posted at 16:52h, 26 septiembre Responder

    Hola, Elisa:

    Evidentemente baso la entrada en mi opinión personal y en mi observación, es una generalización. Para ser realista tendría que hacer una encuesta y tampoco serían datos objetivos del todo. Sé de primera mano que existen profesores que se desviven por darles a sus alumnos una enseñanza más acorde con la vida profesional como es tu caso o el de muchos otros. Yo también los tuve.
    Pero quería centrarme en los aspectos que deben mejorarse, porque me parece muy grave que quienes deben motivar a los alumnos no tengan un mínimo de interés por actualizar sus conocimientos e impartir una enseñanza más acorde con el entorno profesional en el que se encontrarán los estudiantes.
    Hay muchísima distancia entre la universidad y el mundo profesional, pero no creo que sea un problema de TeI en particular. Aunque a nosotros también nos afecta porque en los inicios de la licenciatura gran parte del profesorado procedía de filología, de ahí la gran incidencia en traducción literaria. Aunque el panorama está cambiando lentamente y cada vez más hay profesionales que se deciden también por la vida académica, intuyo que con la creación del grado y prácticas en empresas, esta cuestión podría quedar resuelta. Pero, ¿qué hacemos mientras? Los coloquios con antiguos alumnos, las charlas sobre inserción profesional y los talleres sobre cómo hacerse autónomos deberían ser obligatorios desde primer curso. La facturación o presupuestación de encargos deberían realizarse en todas las asignaturas de traducción.
    Lamento que hayas considerado injustas mis críticas, pero no están dirigidas a los que hacéis bien vuestra labor. Esas actividades que comentas deberían ser habituales en la facultad. Pero, por desgracia, todavía no lo son.

  • Irene
    Posted at 08:34h, 27 septiembre Responder

    Hola, Elizabeth:

    Te felicito por el artículo. Me ha interesado mucho y comparto las opiniones que expresas. Para ser traductor y sobrevivir en el intento, más allá de nuestra formación como tal, necesitamos tener una mentalidad emprendedora. Totalmente de acuerdo. Y es una lástima que en la facultad no recibamos orientación en este aspecto, porque nos ayudaría enormemente desde el principio.

    Yo siempre he trabajado como traductora freelance y, al cabo de unos años, empecé a darme cuenta de que si solamente me dedicaba a traducir, pronto encontraría un techo. Por suerte, gracias a mi entorno, empecé a descubrir cómo podía ir más allá. La lástima es que si hubiera tenido unos mínimos conocimientos, seguramente no habría cometido algunos errores.

    Y precisamente sobre esto estuve hablando la semana pasada con una antigua profesora de la universidad a la que me encontré en el autobús. Principalmente hablamos sobre la tecnología aplicada a la traducción y me ofreció dar una charla a sus estudiantes. La idea me pareció buenísima, aunque aún no hemos concretado nada, pero si los estudiantes pueden tener información de primera mano (algo que yo también hubiera agradecido), me parece que podrá ayudarles en sus primeros pasos en el mundo laboral.

    Por cierto, tu artículo me viene fenomenal porque precisamente este fin de semana estaba redactando uno para mi blog sobre la importancia de formarse más allá de la traducción.

    Saludos,
    Irene

  • Tenesor
    Posted at 14:51h, 27 septiembre Responder

    Muy interesante este artículo, compañera. Si bien entiendo la crítica de Elisa, al tiempo en que la felicito, la invito a reconocer que su facultad es una especie de oasis en todo un desierto. El modelo de su facultad no es el modelo que sigue la inmensa mayoría de facultades que hay en España ni tampoco en el extranjero y, por desgracia, me temo que el modelo actual predominante seguirá imperando durante mucho tiempo. Por mucho que nos cueste aceptarlo -me baso en experiencias propias, por lo tanto mi opinión es absolutamente subjetiva-, la mayoría de personas que se deciden a dar clase en facultades son personas que emprenden una especie de huida hacia adelante con respecto a la situación actual del mercado laboral y que consideran que la universidad -mejor si es pública que si es privada- es una especie de refugio ante el panorama laboral que hay en la calle. Además de estudiar la misma licenciatura en la misma facultad que Elisabeth, también estudié un doctorado y puedo afirmar que una inmensa mayoría de las tesis en traducción e interpretación es pura teoría; muchas tesis no son más que interpretaciones de teorías anteriores relacionadas con la práctica de la traducción. Pondré un ejemplo que viví en carne propia: mi tesina de suficiencia investigadora es sobre la traduccion médica inglés – español. Con ella pretendía elaborar un marco didáctico para la enseñanza de la traducción médica a partir de las realidades del mercado. Curiosamente, un miembro del tribunal, un profesor de filología, me comentó que le llamaba la atención que hubiera basado tanto en publicaciones de revistas como Panacea -entre otras- y muy poco en libros sobre teoría de la traducción.

    Otra cuestión importante es que, cuando se estudia en la facultad, se desconoce que, si uno desea ser traductor, la salida más viable es ser autónomo. Poca gente concibe que se pueda vivir de la traducción como autónomo. De hecho, conocí recientemente a un profesor de una escuela oficial de idiomas y, cuando le dije que era traductor, me preguntó: “¿Y te estás preparando las oposiciones?” Le pregunté que para qué. Y me respondió: “Ah, ¿no te quieres dedicar a la enseñanza?”

    Lamento haberme ido tanto del tema fundamental del artículo. Volviendo a él, creo que Elisabeth tiene razón en gran parte de lo expuesto y suscribo lo expuesto por ella, si bien hay excepciones, como afirma Elisa. También estoy de acuerdo con Irene aunque, por desgracia, la emprendeduría no es un término que se pueda asociar en absoluto con España. Todavía nos falta aprender un poco más de otros países en este sentido.

    Hay varias cuestiones que me gustaría añadir a lo dicho por Elisabeth.

    1. Para mí, el éxito de cualquier iniciativa personal radica en la motivación y en la pasión por lo que se hace. El otro día, escuché de un importantísimo empresario mejicano afincado en España que “el éxito es conseguir lo que se quiere y la felicidad es querer (amar) lo que se consigue”. Ojalá tuviéramos nuestras facultades con menos estudiantes de traducción pero que estuvieran mucho más motivados a ejercer esta bella profesión nuestra. Al mismo tiempo, ojalá tuviéramos profesores que también amaran la enseñanza. El binomio sería perfecto. Se retroalimentarían y el resultado de la ecuación sería muy positivo para todos.

    2. Como bien expone, las facilidades tecnológicas han hecho más fácil -en cierto modo- el trabajo de los traductores. Ahora bien, dado que, para ser traductor profesional, en algunos casos no se exige mucho más que saber idiomas, del sector de la traducción forma parte personas que se dedicaron a traducir porque suponía una solución temporal a un problema de desempleo. Llegan como paraidistas y, en muchas ocasiones, el desconocimiento de las tarifas medias, de los mínimos protocolos, de las mínimas herramientas, etc., les convierten en carne de cañón a la hora de aceptar pésimas tarifas y condiciones. No hablaré de intrusismo, porque no considero que sea la palabra que define esta situación, pero sí hay que decir que, al igual que los que empiezan a traducir de manera profesional, requieren conocer en qué mundo se van a desenvolver.

    3. Si bien son muchas las cuestiones que se nos quedan en el tintero, o mejor dicho, las que dejo en el tintero porque el tema es amplísimo para tratarlo de una sola vez, la ignorancia constituye un atrevimiento. Sobre todo, a la hora de aceptar tarifas y condiciones por el único hecho de “tener un cliente”. Si bien estos días se cargan tintas -y seguramente con toda la razón del mundo contra Lionbridge-, son muchas las (grandes) empresas de traducción que más que contratos ofrecen auténticos chantajes: “si quieres trabajar, aceptas lo que hay o no te llamo más”. Especialmente precaria es la situación de los autónomos en este sentido, pues nunca saben cuándo dejar de recibir llamadas de su hasta ahora cliente.

    Saludos desde Canarias

  • Isabel García Cutillas
    Posted at 14:52h, 27 septiembre Responder

    Muy cierto todo lo que dices, Elizabeth. Mis impresiones generales (aunque siempre hay excepciones, por supuesto, y yo conozco varias por haberlas vivido en primera persona) son las mismas que las tuyas. Los licenciados en TeI salen/salimos de la universidad totalmente desorientados y sin saber cómo encauzar nuestra vida profesional como traductores o intérpretes. Ni siquiera sabemos si podremos ganarnos la vida con ello, porque los propios estudiantes desconocen en qué consiste realmente el trabajo del traductor y qué salidas tiene (lo que citabas de la traducción literaria y la traducción técnica). No es de extrañar, por tanto, que muchos acaben dedicándose a otras profesiones. Yo tuve suerte, porque encontré a personas que me orientaron y ayudaron en mis primeros pasos como traductora autónoma (siempre he trabajado como tal), pero también me molesté en buscar información por Internet. Así llegué, por ejemplo, a la lista Traducción en España, la más importante sobre traducción en español, en la que he aprendido muchísimo y que, sin duda, debería citarse como referencia indispensable en las facultades de traducción; o a Asetrad, la asociación de traductores de la que formo parte.

    En definitiva, es cierto que la carrera de TeI debería tener un enfoque más práctico y real(ista), orientado a lo que uno va a encontrarse en el mercado laboral cuando salga del huevo, y esto abarca desde el manejo de herramientas de traducción asistida hasta conocimientos de marketing (cómo promocionarse y buscar clientes) o contabilidad/fiscalidad básica (hacer facturas, obligaciones fiscales).

    Saludos de una traductora que se gana la vida traduciendo, entre otras cosas, manuales de lavadoras. 🙂

  • Isabel García Cutillas
    Posted at 15:05h, 27 septiembre Responder

    Decía Tenesor:

    «Poca gente concibe que se pueda vivir de la traducción como autónomo. De hecho, conocí recientemente a un profesor de una escuela oficial de idiomas y, cuando le dije que era traductor, me preguntó: “¿Y te estás preparando las oposiciones?” Le pregunté que para qué. Y me respondió: “Ah, ¿no te quieres dedicar a la enseñanza?”».

    Jaja, cómo me he sentido identificada con esta situación. Si los propios estudiantes de TeI desconocen cómo es realmente la vida profesional de un traductor, mucho mayor es el desconocimiento de las personas ajenas a esta mundo. Prácticamente todos dan por sentado que:
    1 – Por el hecho de «saber idiomas», te quieres dedicar a la enseñanza.
    2 – Si te dedicas a la traducción, lo haces como pasatiempo mientras buscas un trabajo mejor, como asumiento que uno no se puede ganar la vida siendo solamente traductor.
    3 – Traduces libros.

    ¿Ninguna de esas personas se para a pensar quién traduce las películas y series que ve en el cine o la televisión, los manuales de los aparatos que compra (aunque nadie se los lea), las interfaces de los programas de ordenador que utiliza, etc.? Somos profesionales totalmente invisibles.

    Saludos de una traductora que confirma que se puede vivir perfectamente siendo autónomo y dedicándose exclusivamente a la traducción. 🙂

    • boa
      Posted at 15:10h, 23 febrero Responder

      Me gusta como expresas tu comentario Isabel. No soy traductor aunque me interese el área.
      Saludos desde Maputo

  • Tenesor
    Posted at 15:16h, 27 septiembre Responder

    Hola Isabel:

    Sí, somos profesionales invisibles. Al igual que tú, puedo demostrar que podemos vivir perfectamente de la traducción y ser autónomo en este campo. Ahora bien, tenemos que trabajar por visibilizarnos y por mejorar nuestras condiciones de trabajo.

    Con respecto a tu pregunta, seguro que sí se plantean que alguien hizo esas traducciones. Eso sí, seguro que están convencidos de que las traducciones las hizo un primo del dueño que estuvo unos meses estudiando en…

  • Isabel García Cutillas
    Posted at 16:39h, 27 septiembre Responder

    Decía Tenesor:
    «Eso sí, seguro que están convencidos de que las traducciones las hizo un primo del dueño que estuvo unos meses estudiando en…»
    O peor, que las hizo el traductor automático de Google. XD

  • Pedro Cano @comunica34
    Posted at 18:39h, 27 septiembre Responder

    Lo curioso es que, con tanta gente aquejada de los mismos males, aún no hemos sido capaces de crear sistemas «oficiales» para que se regule quién ejerce la traducción, ni siquiera en los puestos públicos.

  • Elizabeth
    Posted at 20:41h, 27 septiembre Responder

    ¡Qué animados os veo!
    Irene, te animo a que des esa charla ante los alumnos de tu antigua profesora. Conocer de primera mano a alguien que vive el día a día siempre motiva. ¡Ojalá yo hubiera tenido algo así! Estoy totalmente de acuerdo contigo en la falta de espíritu emprendedor y coincido con Tenesor en que es un término muy desconocido en España. Un país en el que la aspiración de muchos licenciados es ser funcionario… ¿Y quién monta empresas entonces?
    Me llama especialmente la atención la alusión que hace Tenesor al doctorado. En cuarto de carrera yo no quería ni oír hablar del tema. Me parecía una auténtica pérdida de tiempo y más viendo el enfoque de muchas tesis del ramo: teorías y más teorías. Con el paso de los años y tras los comentarios de algunos profesores universitarios que reconocen que es necesario un cambio profundo en las aulas, caí en la cuenta de que los pocos que tenemos ese espíritu emprendedor somos quienes debemos arrimar el hombro y ayudar a que la cosa cambie.

    Isabel, muchas gracias por sacar a la palestra la lista de Traducción en España. La descubrí cuando estaba de Erasmus y, aunque ha cambiado mucho con el paso de los años, todavía me impone bastante escribir ante los profesionales que conocí en mis inicios.

    En cuanto al desconocimiento habitual de nuestra profesión, hace unos años me molestaba, pero ahora disfruto explicando a qué me dedico y evangelizando a todo el que nombre al traductor de Google. Parece que no, pero cuando se explican las cosas con entusiasmo y ejemplos curiosos, la gente termina convencida. Aunque siempre habrá alguien que se quede en el lado oscuro. 🙂

    Pedro, yo abogo por una ley de revisión de traducciones cada X años, como la ITV. 😀 Que nos den a todos los dados de alta en el IAE de traducción nuestro carné de Inspector Técnico de Traducciones y a poner la pegatina. Ahora en serio, en una profesión tan globalizada como la nuestra, el proteccionismo no creo que sirva de mucho. Si ya con las juradas hay cada chiringuito montado y los denunciados presentan querellas por difamación sin cortarse un pelo…

  • Verónica García
    Posted at 21:43h, 27 septiembre Responder

    Hola, Elisabeth:

    Comparto tu opinión al 100% y es justo por lo que estoy pasando en este momento. El pesimismo se apodera de mí en muchas ocasiones, y todo lo que no me han enseñado en la universidad lo estoy intentando aprender sola. Aún meses después de haber empezado con solo unos pocos proyectos a mi espalda, he tenido debates internos sobre las tarifas.
    Es verdad que, al ser novel, tienes miedo de que no te den un trabajo por pedir, no mucho, lo que debes pedir, y muchas veces es así. Es verdad que al tener poca experiencia piensan que estás poco especializado, o nada, y también creen que no te deben dar un proyecto. Al final, entiendes que tienes que hacerte valer para atraer buenos clientes, fijas una tarifa buena, te crees que eres bueno y tiras para adelante, pero no llega nada. Tienes que dejar pasar muchas oportunidades para no rebajarte a lo que tú criticas, y es difícil no dejarse llevar por el pesimismo. Al final se convierte en un pez que se muerde la cola. De mientras, puedes optar por intentar hacer contactos, llevar un blog, pero siguen sin entrarte proyecto y ya no sabes qué más hacer.

    Lo peor es cuando me dicen….”has pensado en hacerte traductora jurada? es lo que más dinero da”. Como si ahora fuera tan fácil. Exceptuando un par de universidades que dan el título con la carrera, hay que ser abogado para hacer las oposiciones…

  • Mónica
    Posted at 23:07h, 27 septiembre Responder

    Soy una licenciada «reciente» y con añitos también a las espaldas. Aunque me parece muy respetable tu artículo y tu opinión, solo apuntarte dos cosas: primero, que mis profesores eran profesionales de la traducción en su gran mayoría (por no decir que todos, pero no me gusta generalizar como hacen otros) y segundo, que los «recién licenciados» no somos tontos, ni somos tan pesimistas y, vaya, que también investigamos y nos informamos y conocemos que existe el mundo del autónomo y somos creativos y buscamos ciertos conocimientos y preparación comercial. Vamos, ni que tuvieramos medio dedo de frente!

    Yo que tú no me preocuparía tanto por nosotros, muchos no somos tan lelos como nos pintas!

  • ARCION
    Posted at 01:46h, 28 septiembre Responder

    Es verdad lo de las materias de marketing.
    Todavia no me recibi pero estoy en los ultimos años de carrera aca en Argentina.
    Y ovbiamente, despues de graduados salimos sin practica alguna, lo cual nos lleva a chocarnos varia veces seguidas contra una pared ( y hasta porque no con la misma pared varias veces). Y no solo con eso…Tambien estan los miedos, el poder conseguir trabajo y el hasta no llegar a valorarnos a nosotros mismos justamente por el echo de no querer haber “perdido” 5/6 años de nuestras vidas estudiando algo para no ejercerlo…
    Hay varias cosas que en si dejan desear…
    Pero la traduccion es lo unico en mi vida.

  • Isabel García Cutillas
    Posted at 07:30h, 28 septiembre Responder

    Decía Verónica:
    «Lo peor es cuando me dicen….”has pensado en hacerte traductora jurada? es lo que más dinero da”. Como si ahora fuera tan fácil. Exceptuando un par de universidades que dan el título con la carrera, hay que ser abogado para hacer las oposiciones…»
    Puntualización:
    1 – Si bien hay profesionales cuya principal fuente de ingresos son las traducciones juradas, me atrevería a decir que son la excepción y que, para la mayoría de los traductores jurados, esta actividad es un complemento a la traducción no jurada o representa una mínima parte de su facturación. Lo digo por experiencia.
    2 – Para obtener el nombramiento de traductor-intérprete jurado no hay que opositar. El nombramiento no te convierte en funcionario público. Hay que presentarse a una serie de exámenes escritos y orales que, si bien son difíciles (o eso tengo entendido; yo obtuve el nombramiento vía licenciatura, cosa que ya no será posible para los futuros licenciados), no son imposibles de superar. No hace falta ser abogado, aunque sí, lógicamente, tener ciertos conocimientos del lenguaje jurídico.
    @ Mónica: está claro que no todos los recién licenciados son tontos y pesimistas (tú, Elizabeth o yo somos tres ejemplos de que se puede salir adelante), pero muchos sí salen de la universidad sin saber por dónde tirar. Si en tu universidad no es así, ¡os felicito! 🙂
    Saludos,
    Isabel

  • Verónica García García
    Posted at 15:45h, 28 septiembre Responder

    @Isabel García Cutillas: Bueno, me refería a esas pruebas del ministerio. Según lo que me han dicho es muy difícil llegar, y recomendable, sino preferible, tener la licenciatura de derecho. En mi facultad también se obtenía por licenciatura pero lo dejaron de hacer. Ahora no entiendo porque 4 créditos diferencian a unos de otros cuando las pruebas son tan difíciles, no creo que estén al mismo nivel.

    En cuanto al debate de los profesores, creo que la gente se lo ha tomado muy a pecho. En mi caso, recientemente dije en twitter que estaba agradecida por los profesores que había tenido porque todos ellos son muy reconocidos en la profesión y todos trabajan o han trabajado como traductores/intérpretes. Puedo nombrar desde, Gabriel Lopez Guix, Jacqueline Minnet, Olivia Fox a Dolors Udina. Elizabeth habla de la propia experiencia y porque debe saber que ocurre en otras facultades, eso no significa que ella quiera decir que pasa en todas igual.

    @Mónica: no hace falta ofenderse. Tú o yo no nos sentimos identificadas en su post pero puedo decir que hay muchísima gente así o que ni siquiera lo intenta. Que a mitad de carrera dice: “yo, es que no me quiero dedicar a traducir, es una mierda”. Pero eso pasa en todas partes, y tengo que darle la razón a Elizabeth porque hay mucha gente que se desmotiva, no sin razón, y además creo que el tema autónomos aún está muy crudo en este país. Falta mejorar la situación de los autónomos y que la gente se atreva y lo vea como una forma más de trabajar no como un riesgo o un suicidio.

  • Judith Carrera Fernández
    Posted at 16:23h, 28 septiembre Responder

    Hola a todos:
    No creo que la precariedad en el sector de la traducción sea la excepción en el panorama económico general. No solo los recién licenciados en Traducción e Interpretación aceptan condiciones laborales poco dignas, sino que también se da en otras carreras. Tengo amigos que han estudiado derecho, economía, etc. y a veces también han tenido que aceptar contratos precarios de chichinabo para adquirir experiencia.
    ¿La culpa es de la universidad? Puede ser. Aunque no creo que el espíritu emprendedor salga a flote después de un cuatrimestre de marketing para traductores.No obstante, no deja de ser curioso que en los ciclos formativos siempre haya una asignatura obligatoria que se llama Formación y Orientación Laboral, pero no había nada equiparable en nuestras licenciaturas.Ahora en muchos grados de Traducción se ha incluido al menos una asignatura sobre los aspectos profesionales y se suele ofertar en los últimos años. Es cierto que viene bien saber cómo anda el mercado desde el principio, pero seamos realistas: la mayoría de los alumnos solo se van interesando por este tema a medida que van viendo las orejas al lobo.
    Por otra parte, en mi opinión, muchos jóvenes vivimos en nuestra burbuja y no estamos sabiendo defender los derechos laborales que tanto tiempo les ha costado ganar a nuestros padres y abuelos.
    En definitiva, no creo que haya más precariedad en el mundo de la traducción que en otros sectores, sino que esto es lo que nos ha tocado en suerte como generación precaria que somos.

  • José Yuste Frías
    Posted at 12:13h, 07 octubre Responder

    Hola Elisabeht:

    Tu artículo dice verdades como puños. Algunos docentes las llevamos diciendo toda la vida y hasta llegamos a escribirlas negro sobre blanco, mal que le pese a más de uno/a que se dedica a enseñar a traducir sin haberse asomado jamás a la realidad cotidiana del mercado profesional.

    Conocer la realidad profesional de la traducción inversa, por ejemplo, supone la diferencia entre conseguir cartera de clientes o no, vivir de la traducción o no.

    Os invito leer el capítulo que escribí en 2005 en el primer volumen de la colección Traducción & Paratraducción que dirijo en la Universidade de Vigo:

    YUSTE FRÍAS, José (2005) “Verdades de Perogrullo (y otras) para una iniciación a la traducción profesional”, en Yuste Frías, J. y A. Álvarez Lugrís [eds.] “Estudios sobre traducción: teoría, didáctica, profesión”, Vigo: Servizo de Publicacións da Universidade de Vigo, col. T&P, n.º 1, ISBN: 84-8158-290-5, pp. 237-255. Disponible en red:
    http://webs.uvigo.es/jyuste/docu/publicaciones/JoseYusteFrias%202005e.pdf

    Espero vuestros comentarios donde sea, tanto aquí como por correo electrónico. Debates como éste que planteas, Elisabeth, son los que llevarse a cabo mucho más a menudo para que la Universidad no sea una “fábrica de parados”.

    Saludos cordiales desde Vigo
    jOse

  • José Yuste Frías
    Posted at 12:17h, 07 octubre Responder

    Hola Elisabeht:

    Tu artículo dice verdades como puños. Algunos docentes las llevamos diciendo toda la vida y hasta llegamos a escribirlas negro sobre blanco, mal que le pese a más de uno/a que se dedica a enseñar a traducir sin haberse asomado jamás a la realidad cotidiana del mercado profesional.

    Conocer la realidad profesional de la traducción inversa, por ejemplo, supone la diferencia entre conseguir cartera de clientes o no, vivir de la traducción o no.
    Os invito a leer el capítulo que escribí en 2005 en el primer volumen de la colección Traducción & Paratraducción que dirijo en la Universidade de Vigo:

    YUSTE FRÍAS, José (2005) “Verdades de Perogrullo (y otras) para una iniciación a la traducción profesional”, en Yuste Frías, J. y A. Álvarez Lugrís [eds.] “Estudios sobre traducción: teoría, didáctica, profesión”, Vigo: Servizo de Publicacións da Universidade de Vigo, col. T&P, n.º 1, ISBN: 84-8158-290-5, pp. 237-255. Disponible en red:
    http://webs.uvigo.es/jyuste/docu/publicaciones/JoseYusteFrias%202005e.pdf

    Espero vuestros comentarios donde sea, tanto aquí como por correo electrónico. Debates como éste que planteas, Elisabeth, son los que deberían llevarse a cabo mucho más a menudo para que la Universidad no sea una “fábrica de parados”.

    Saludos cordiales desde Vigo
    jOse

  • Elizabeth
    Posted at 15:30h, 07 octubre Responder

    Muchas gracias a Verónica, Mónica, Arcion, Judith y José por sus últimos comentarios.
    @Verónica: en según qué combinación de idiomas, la traducción jurada tampoco es la panacea. Yo soy jurada y cuando más encargos recibo es en verano, coincidiendo con oposiciones y envío de currículos al extranjero. Y no me aceptan todos los presupuestos que envío ni de lejos. El tema de las pruebas del examen ha cambiado mucho. Solo hay que ver que hay jurados por examen nombrados en los 80 que tienen una colección de nombramientos. A día de hoy eso es imposible: el examen carece de temario concreto, hacer un examen de traducción sin diccionario no tiene sentido y las pruebas no se centran en la actividad profesional. Alguien colgó un examen de alemán de hace unos años en la lista de jurados y la prueba especializada consistía en traducir un extracto de una ley alemana.
    @Mónica: Muchas gracias por tu opinión. Me alegro mucho de que haya facultades como la tuya con un gran número de profesores que han sido traductores en activo. Sin embargo, como han corroborado otros compañeros e, incluso, otros docentes universitarios, no es la situación más habitual y eso es lo que quería denunciar. Como ya he dicho, soy consciente de que existen excelentes docentes que han vivido en sus carnes el mundo de la traducción profesional, pero son escasos en comparación con el resto.
    Por otro lado, lamento que hayas percibido una crítica hacia los estudiantes, pero no era esa mi intención. Creo que los alumnos de TeI tienen muchas capacidades que ya quisieran los de otras disciplinas. Mi crítica está dirigida al profesorado. Debe motivar, prevenir, servir de ejemplo. Yo todavía sigo estudiando. Cada año hago cursos relacionados con la traducción o la localización y siempre aprendo cosas nuevas. Y de un tiempo a esta parte me fijo mucho más en el profesor que imparte el curso, que en la materia en sí. Todos podemos adquirir conocimientos leyendo libros, pero si pago por una matrícula, no es para que un señor me repita como un loro lo que dicen otros, es para que me cuente qué ha hecho él, a qué situaciones se ha enfrentado y cómo puedo aplicar sus experiencias en el futuro.
    @Judith, estoy de acuerdo contigo en que la precariedad no es una excepción para los licenciados en TeI. De todos es sabido que la Universidad va por un lado y el mundo profesional por otro. A algunos les interesa que sea así, otros lo prefieren para que la Universidad conserve su “independencia”, pero no conozco a nadie que con 18 años vaya a la universidad para adquirir conocimientos únicamente. Yo fui a la universidad porque crecí escuchando que esa era la mejor forma de tener un buen trabajo. Mis padres y los de la mayoría de mis compañeros de facultad no tuvieron posibilidad de ir a la universidad, algunos ni siquiera fueron al instituto, y nos inculcaron que teníamos que tener formación superior a toda costa. En la actualidad se ha devaluado esta formación porque el mercado laboral no la puede absorber. Somos demasiados. Sobramos. Por eso es muy importante estar especializado y conocer lo más rápidamente posible qué nos vamos a encontrar en la calle para actuar en consecuencia.
    @José: Muchas gracias por tu aporte y por el enlace al artículo. De todo, lo que más se me ha quedado grabado es tu definición de traductor profesional. Quizá la completaría, pero sirve de aviso a navegantes porque tu aportación viene a llenar ese hueco menos artístico, menos místico de la traducción, pero tan real y tan cotidiano que el ámbito académico, muchas veces hermético y reacio a los cambios, pasa por alto.

  • Belén
    Posted at 18:30h, 11 octubre Responder

    Hola Elizabeth:

    Me llamo Belén y soy estudiante de cuarto de TeI. Acabo de descubrir tu blog gracias a “Algo más que traducir” de Pablo Muñoz, y la verdad es que me parece muy interesante. Da gusto ver gente como vosotros que se preocupa de compartir sus experiencias y conocimientos. Por ello, te doy las gracias 🙂

    En otro orden de cosas, con respecto a esta entrada, me parece interesantísima. Tienes toda la razón del mundo. Casi todos mis profesores nos han transmitido año tras año esta idea de que no se puede vivir de la traducción. Pero luego voy a seminarios o charlas y veo que los traductores (más bien traductoras) SÍ existen, no son una leyenda urbana.

    Creo que lo que nos falta, como bien dices, es una formación de marketing en la carrera. Yo he empezado a trabajar como autónoma en una especie de prácticas para una empresa y me he tenido que buscar la vida para saber qué rayos tenía que hacer para poder empezar a traducir.

    También creo que es muy importante fomentar la idea de una visión empresarial de la traducción. No nos conformemos con ser “simples” traductores explotados por empresas que no respetan la profesión. Creemos nuestras propias empresas o busquémonos la vida como autónomos. Creo que hay que moverse constantemente.

    Bueno, enhorabuena por el blog y espero que sigas publicando 🙂

    Un saludo.

    Belén

  • ultrasonica
    Posted at 23:42h, 20 noviembre Responder

    Hola Elisabeth, me ha encantado tu artículo y comparto totalmente tu opinión. Rebuscando por tu blog he visto en la sección sobre ti que cuentas con una gran experiencia laboral en localización. Quería pedirte si podrías explicarnos un poco cómo ha sido tu trayectoria tras salir de la carrera. Me gustaría centrar mi trabajo hacia el ámbito de la localización pero no tengo ni idea de cómo adquirir la formación necesaria ni de cómo conseguir entrar en el mercado luego.
    Muchas gracias y enhorabuena por tu blog.

  • Pablo Bouvier
    Posted at 00:28h, 22 noviembre Responder

    servidor es un «traductosaurio» que lleva metido en esto desde esos tiempos remotos en que lo más moderno que se conocía no era ya el WordPerfect, sino el WordStar y en el que, para teclear la letra «eñe», había que teclear: ene, tecla de retroceso y Alt+126 para la tilde. Y, luego, pulsar la barra espaciadora para pasar al carácter siguiente a la eñe… :o)

    Es cierto que había que llamar a muchas puertas, como se ha comentado anteriormente. Pero, por otra parte, el mercado también era mucho menos competitivo que ahora, porque, con excepción de la Facultad de Traducción de Granada, las Facultades de Traducción en España eran inexistentes y había que acudir a las Escuelas Oficiales de Idiomas.

    La mayoría de los traductores por aquel entonces éramos personas de origen extranjero con varios años de residencia en España. De hecho, un servidor empezó a traducir para tener una versión española decente de los manuales de uso y de mantenimiento de las máquinas que comercializaba la empresa familiar, porque lo que nos llegaba traducido de Cuba era un «churro ininteligible»…

    Ahora, con la globalización del mercado e Internet , se tienen muchas más ventajas que antes. Pero, paradójicamente, también muchas más desventajas, que antes no existían…

  • Jennifer86
    Posted at 17:18h, 19 marzo Responder

    Yo soy Licenciada en traducción también por la ULPG. Me licencié en 2008 y desde entonces no me he dedicado profesionalmente a la traducción (alguna que otra traducción suelta pero nada más). ¿Y esto por qué? Pues porque he sido muy pesimista, porque pensaba (y todavía me cuesta creer) que yo pudiera vivir de la traducción. Terminé mi carrera cuando comenzaba la maldita crisis, que parece que no nos va a abandonar nunca en este país, y ello aumentó mi pesimismo.
    Cierto que en la carrera no se tocan temas de fiscalidad para traductores, creación de empresas, cómo empezar a introducirse en el mercado… tampoco nos enseñan a trabajar con programas de traducción asistida (solo con Trados) y al final uno sale de la carrera perdido, sin saber a dónde ir. De momento no sé de ninguno de mis compañeros que ejerza como traductor, los que tienen la suerte de estar trabajando lo hacen como dependientas, recepcionistas o profesores de idiomas. Otros siguen estudiando porque no saben qué hacer. Yo pude irme un año al extranjero como auxiliar de conversación, ahora estoy en Las Palmas de nuevo, sin trabajo y haciendo un curso de auxiliar administrativo, pero no dejo de pensar ¿Y si hago un máster de traducción para especializarme? ¿Y si lo intento? y por otro lado pienso ¿Y si después estoy igual, sin trabajo ni experiencia y con unos años más? ¿y si me hago autónoma y no consigo clientes?¿de qué voy a vivir? ¿qué oportunidades puedo tener en Canarias?

    Agradecería que me pudieras aconsejar, porque llevo casi 3 años perdida sin saber qué hacer con mi futuro.

    Gracias

    • Curri
      Posted at 22:14h, 19 marzo Responder

      ¡Hola Jennifer!

      Lo primero de todo es no desmoralizarte 🙂 No es fácil, pero tampoco es imposible, y nadie ha salido de la carrera consiguiendo un trabajo de 9 a 6 y cobrando 30.000 euros solo traduciendo 🙂 Yo acabé la carrera en el 2004 y me vine a Londres porque no había forma humana de que nadie me diese una oportunidad. No había crisis en España, sino todo lo contrario: era la época de las vacas locas. Pero aún así, para una carrera como la nuestra, lo que más se pide es experiencia, y claro, ¿cómo conseguimos experiencia al salir de la carrera si nadie nos la da? Vine aquí porque pensé que sería más fácil, con eso de que "no hay tantos traductores inglés>español". Pero estaba igual de equivocada, pero como no podía vivir del aire, me puse a trabajar en lo que pillé: un restaurante de mala muerte donde me pagaban 25 libras por turno (que podía durar hasta 7 horas). Así estuve tres meses hasta que encontré trabajo como tester de videojuegos. La paga no era extraordinaria, pero me daba para vivir y, mientras tanto, seguía en la búsqueda y captura de traducciones. Pero seguía sin salir nada y encontrar un trabajo interno era imposible (porque claro, todos aquellos españoles con un trabajo interno, cobrando 25-30000 libras al año, ¿pa qué se iban a querer ir? Yo no lo haría). Así estuve tres años y medio, quedándome muchas noches hasta las tantas haciendo traducciones y algún que otro fin de semana también con extra de trabajo. Hasta que conseguí unos ahorros (mi empresa hizo reestructuración y me tocó un poquito de dinero) y decidí tirarme a la piscina. Esto fue en verano del 2008, justo cuando la crisis empezaba. A pesar de que me preparé para traductora jurada (aún espero a que el Ministerio me envíe el título), decidí especializarme en videojuegos, porque es de lo que había estado mamando hasta entonces. Además, justo ese año había hecho un máster en traducción audiovisual (que tampoco me enseñó mucho, porque casi todo lo había hecho en la universidad y en mi trabajo diario como tester de videojuegos, pero quedaba de maravilla en un CV). Algunos meses no llegué casi ni para pagar el alquiler, pero nunca decaí. Para algo me tiré cuatro años duros en la carrera. Y mira, sigo sin hacerme rica, puesto que no tengo trabajo constantemente, pero puedo vivir de ello.

      La tarea del traductor no es solo sentarse y traducir. Somos nuestros propios directores de marketing y, por ello, tenemos que estar constantemente buscando clientes nuevos, anunciándonos a todo el mundo y demostrando que somos profesionales y valemos (como L'OREAL, porque yo lo valgo).

      Las quejas de que la crisis no parece dejar España, si te digo la verdad, son para mí una excusa barata 😉 Espera, no te enfades aún. El trabajo de traductor puede estar en cualquier sitio: Francia, Alemania, Reino Unido, Italia, Austria… Hay muchas agencias en Europa que necesitan traductores de todos los idiomas. De hecho, las agencias españolas no suelen ser las que mejor pagan, así que, aún mayor excusa para que te importe tres pitos que en España haya crisis (que, de hecho, la crisis ha afectado a TODA EUROPA, no solo a España, que aquí en Reino Unido, por mucho que os hagan creer, las cosas están muy, muy mal. De hecho, conozco a montones de profesionales que se han quedado sin trabajo, gente que ha tardado año y pico en encontrar curro y otros que han tenido que coger algo de categoría inferior para poder pagar la hipoteca. Sin embargo, no conozco a nadie en España que se haya ido al paro).

      Mi consejo es que, si puedes, sí, hagas un Máster, porque puedes aprender algo nuevo y, además, también demuestras que tienes interés por renovar tus conocimientos. Yo diría que también es porque queda bien en el CV (sí, la titulitis también está en otros países, aunque en otros países la experiencia sea más importante). Además, hazte una página (aunque sea en un sitio de estos gratuitos), porque es tu imagen. Y, si quieres y te apetece, un blog. Si crees que no tienes demasiada experiencia, prueba a hacer traducciones voluntarias, que también es algo que queda bonito en tu CV. Pero no de esas que la gente te paga una mierda. No. Yo prefiero trabajar gratis para una ONG que no que me pagen ridiculeces del tipo $0.03 y cosas así. Por lo menos para la ONG sé que va a ayudar a alguien. Yo hice un par de traducciones. Una ya no la tengo ni en mi CV porque es que ya no me cabe, pero la tuve durante un tiempo y me ayudó a que la gente al menos se leyese mi CV.

      Y, lo más importante, no te desesperes. Si realmente te gusta traducir y quieres dedicarte a ello, hazlo. No es imposible 🙂
      My recent post Control de Calidad- Localización y Experiencia- la Combinación Perfecta para la Mejor Localización y V

  • I. G. Cutillas
    Posted at 17:34h, 28 marzo Responder

    Hola, Jennifer:

    Yo te aconsejo que decidas, en primer lugar, si realmente quieres ser traductora y, en segundo lugar, si prefieres buscar un trabajo en plantilla o establecerte como autónoma. En cualquiera de los dos casos, te recomiendo que no centres tu búsqueda en Las Palmas o Canarias, porque eso te va a limitar mucho. Si no encuentras nada por allí, busca en otros lugares de España o incluso en el extranjero. Los traductores más que ningún otro profesional debemos tener movilidad. Si decides hacerte autónoma, lo tendrás mucho más fácil, porque podrás trabajar para clientes extranjeros sin moverte de casa, y eso te permitirá también encontrar trabajo a pesar de la crisis que hay en España, ya que en otros países del mundo no existe o es menor. Pero si decides trabajar como autónoma, ten muy presente que crear una cartera de clientes y conseguir el flujo de trabajo necesario para vivir no es cuestión de días, ni de meses, sino que puede llevarte años. Por ello, es imprescindible ser perseverante, constante, tener una buena disposición de ánimo, no ser pesimista. no tirar la toalla a las primeras de cambio y, por supuesto, contar con un respaldo financiero que te permita salir adelante durante los primeros meses de actividad, que suelen ser poco o nada rentables. Hacer un curso de especialización es un punto a favor, pero puedes compaginarlo con el inicio de tu actividad laboral para así ir adquiriendo experiencia.

    A este respecto te invito a que leas estas dos entradas de mi blog: http://eltraductorenlasombra.wordpress.com/2010/1http://eltraductorenlasombra.wordpress.com/2010/1

    Un saludo y mucha suerte,
    Isabel

  • lamagiadelatraduccion
    Posted at 09:49h, 04 julio Responder

    Buenos días colegas,
    he encontrado est página buscando otros blogs de traducciones, me parece muy informativa y te felicito por el buen trabajo y por tomarte el tiempo de compartir información con los colegas.

    Otra vez, buen trabajo y mucha suerte!

  • RosaM
    Posted at 03:14h, 17 agosto Responder

    Hola! Recién descubrí esta página y me ha encantado. Me parece informativa y una oportunidad para conocer que está pasando con el mundo de la traducción. Vivo en el Caribe y soy traductora jurada. Tengo un trabajo de plantilla y en mi tiempo libre soy traductora autónoma y es definitivo que se puede vivir de la traducción. Se que a veces hay personas que cobran muy barato porque quieren captar clientes, pero al fin y al cabo, si eres bueno te pagan lo que pides y no solo eso, también te recomiendan.

    No tengo página en Internet, ni blog, ni anuncios en mi país. Comencé enviando cartas por email a empresas grandes y firmas de abogados cuando fui juramentada (ya con unos 4 años traduciendo sin ser jurada) y así comencé. Me encanta el mundo de la traducción, pero como dicen algunos aquí, no es una profesión que muchas personas respetan y creen que es un mero hobbie.

    Suerte a todos y a traducir!!!!

  • ana coello
    Posted at 21:44h, 05 marzo Responder

    A pesar de parecerme un artículo muy interesante, tengo que discrepar en algunas cosas.
    Lo primero, soy recién licenciada (acabé en junio de 2011) en TeI y también soy traductor jurado de francés.
    Estoy muy satisfecha con la formación que he recibido, que incluía asignaturas de traducción jurídica, técnica y audiovisual, sin embargo estoy completamente de acuerdo en la falta de marketing y de conocimientos de tarifas, plazos, etc.
    En tu artículo comentas que con los medios tecnológicos actuales, básicamente internet, se han abierto las barreras del mercado de la traducción. Dicho así, parece que sea cosa de poner "Busco clientes para traducciones" en Google y ya tengas trabajo. En lo que va de "curso" (es decir de octubre a ahora) he podido mandar unos 30 currículums sin exagerarte a empresas grandes, medianas y pequeñas. Lo único que me han ofrecido han sido prácticas. Sé que no tengo mucha experiencia, pero durante la carrera si que he hecho prácticas en Talgo y TVE. Vamos que no es que tenga el currículum en blanco, y aún así NADA.
    Creo firmemente que se puede vivir de la traducción. El gran problema que yo le veo ahora es entrar en ese "mundillo" cosa que empiezo a ver imposible si no se conoce a nadie de dentro que te meta y te pase algún cliente para empezar.
    Sólo quería compartir mi opinión y una experiencia distinta.
    Gracias.
    My recent post Imitemos a Grecia – capítulo I: el vasito de agua

  • Elena Martín
    Posted at 00:27h, 18 marzo Responder

    Hola Elisabeth:
    Tu post me ha parecido muy interesante, especialmente porque el lunes empiezo a sustituir a una profesora que está de baja en el Grado de Traducción e Interpretación. Curiosamente, la asignatura que voy a dar mientras ella no vuelva es algo así como una introducción al mundo laboral para traductores e intérpretes. Cuando yo hice la carrera eché mucho de menos una asignatura así y cuando me llamaron para ofrecerme cubrir esta baja no me lo pensé dos veces.
    Tengo muchas ganas de explicarles a los estudiantes que no todo es tan negro como parece, que HAY trabajo y que si tienen ganas y se esfuerzan van a poder vivir perfectamente de la traducción y la interpretación.
    Mi intención es poder darles todas las opciones posibles y explicarles paso a paso cómo hacerse autónomos, cómo conseguir clientes, cómo ser gestores, comerciales, contables y traductores a la vez…
    ¡Espero poder contar con horas suficientes!
    Por cierto, yo también me he animado a introducirme en el mundo de los blogs. Aunque por ahora llevo solo un par de entradas, espero ir alimentándolo poco a poco. Te dejo la dirección por si quieres echarle un ojo. http://www.nartran.com/blog
    Un saludo
    My recent post La traducción jurada de títulos y certificados académicos

  • Ana M.
    Posted at 12:19h, 13 junio Responder

    Hola, Elisabeth:

    Gracias por tu artículo, hay puntos muy interesantes. Me gustaría hacer una única observación. Constato que existe como un mantra entre los profesionales de la profesión que repite constantemente que “solo puedes competir en precio, calidad o servicio” de forma excluyente. Yo creo que el problema es más complejo porque se puede competir a la vez con las tres fortalezas: precio, calidad y servicio; es decir, el problema surge cuando se están ofreciendo servicios de muy alta calidad a precios tirados. Te puedo dar dos o tres ejemplos fáciles: traductores especializados y que ofrecen servicios de muy alta calidad procedentes de los países latinoamericanos cuyo nivel de vida es diferente, profesores de universidad que traducen y compiten de forma desleal a cambio de un poco de prestigio, y personas que por diferentes motivos no tienen los mismos gastos que tienen otros traductores a final de mes (igual que en cualquier profesión liberal).

    Lo que quiero decir es que el low cost no siempre implica peor calidad y que es un error transmitir a los nuevos o a las nuevas traductoras que centrarse solo en la calidad traerá dicha. Por otro lado, creo que no estaría de más tener en cuenta también que la calidad, por ejemplo, en el sector de servicios lingüísticos para el comercio, negocios, mercadotectia etc., es algo bien relativo y difícil de valorar.

    • Elizabeth Sánchez León
      Posted at 22:55h, 13 julio Responder

      Hola, Ana:

      Te doy la razón en cuanto a lo de que la calidad es díficil de valorar en nuestro sector. Han pasado unos años desde que escribí este artículo y mi experiencia también ha cambiado.

      Salvo el primer caso que comentas (deslocalización), los otros dos son perfiles que compiten de forma muy diferente con alguien que se dedica a tiempo completo a la traducción. Al fin y al cabo, los profesores y personas que tienen otro trabajo no pueden ofrecer lo mismo (disponibilidad, por ejemplo) que alguien que se dedica a jornada completa a ello.

      En cuanto a los gastos, pues ocurre como en cualquier actividad empresarial. Será más competitiva aquella persona que consiga tener menos gastos y más ingresos a igual número de horas trabajadas. Los jóvenes tienen una ventaja ahí. También aquellos que se atrevan a vivir en algún lugar donde puedan aprovechar la globalización a su favor, pero poca gente da el paso. Y llega un momento en que los jóvenes quieren dejar de vivir con sus padres o compartir piso, con lo que sus gastos aumentan. Y, por lo tanto, tienen que cobrar más por su trabajo.

      He de reconocer igualmente que el mantra “calidad, precio o servicio” está muy extendido, aunque poca gente llega a entender el alcance de los tres conceptos. La calidad la solemos medir con nuestro barómetro interno, pero cada cliente/usuario la ve de manera distinta. En algunos contextos, incluso a mí Google Translate me parece más que suficiente.

      No podemos pretender que todo el mundo pague por traducciones/interpretaciones profesionales porque es imposible. Precisamente, la demanda de servicios de traducciones es muy superior a la oferta disponible: mucha gente nos necesita pero somos muy caros (y lentos), por raro que parezca.

      Hace poco me escribió un chico pidiéndome consejo sobre cómo empezar y mi consejo para que no tirara los precios y, al mismo tiempo, consiguiera mejorar como traductor, fue que colaborara con alguien que le revisara todos sus textos. Evidentemente, si trabajas con determinadas agencias esto no lo vas a poder hacer (salvo que la agencia también necesite ese servicio), pero con clientes directos es lo que todo el mundo debería hacer.

  • Cissy90
    Posted at 02:14h, 22 octubre Responder

    Yo no estoy de acuerdo con que los profesores de mi facultad no estuvieran al tanto de lo que exige el mercado de la traducción. Yo lo que creo es que deberían implantarse unas prácticas obligatorias en el plan de estudios: nunca es lo mismo hacer encargos para un profesor, que si no le parce bien tu trabajo te lo va a corregir, que hacerlos para un jefe, que si no le parece bien tu trabajo te va a despedir.

  • Piero
    Posted at 06:12h, 18 septiembre Responder

    Hola guapisima, estuy utilizando fragmentos de tu sitio web para un trabajo de investigación sobre los puntos bajos de la carrera idiomas, y bueno! necesito datos reales del autor para poder tomar tus posts como antecedentes, “Traductora de la orden del Jedi” y “el trabajo en la cuna de los videojuegos” me harían recibir un regaño 🙁 un abrazo, y gracias de antemano, dejame saber de ti por favor 🙂

  • Fernando Heleno
    Posted at 22:48h, 13 diciembre Responder

    I liked very much your POST. I work in a Portuguese Translation company and its politicy is much fair than the one of Lionbridge.
    I see now a major danger arriving from Machine Translation. It is not clear how soon we shall face its chalenge. Gracias

    • Elizabeth
      Posted at 22:53h, 14 febrero Responder

      Hi Fernando,

      I think that some contents in certain language pairs will be under the scope of MT. Translators will have to learn to edit MT texts fast and move to specialisations where creativity is needed.

  • Douglas Zelaya
    Posted at 02:32h, 30 diciembre Responder

    Hola. Me gusta el artículo de Elizabeth. Solamente quiero expresar que he trabajado como traductor Inglés-Español durante ocho años. Me iba algo bien, hasta que, hace unos cinco años, dejé el negocio y me conseguí otro trabajo fuera de casa. Soy Economista y vivo en un país donde no es el español el idioma de las mayorías. Me convencí de que el par que yo trabajaba iba hacia abajo, hasta que me llegó una notificación de que los proyjectos serían puestos “on hold”. (No volvieron más). Además, muchos colegas en el mundo “botaron” el negocio, casi querían pagar por trabajar. Me gusta mucho el trabajo de traducir, pero no sé si ahora es rentable. Tú, ¿qué opinas?

    • Elizabeth
      Posted at 23:07h, 14 febrero Responder

      Hola, Douglas:

      Pues siendo economista no veo por qué no podrías hacerte un hueco en el mundo de la traducción. A la cuestión de la rentabilidad es complicado responder sin hacer un estudio de mercado de esa especialidad para ver la competencia, cómo podrías posicionarte tú en el mercado, etc.

Post A Comment